(c) La imagen de la cabecera está extraida del libro "Motherbridge of Love" y tuneada por mi.

jueves, 22 de mayo de 2014

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Generación Mei Ming

Hasta ahora sólo habíamos visto documentales estadounidenses, que a pesar de ser interesantes, no reflejan la forma de vida de aquí.
Por fin tenemos el nuestro, Generacion Mei Ming: miradas desde la adolescencia, de David Gómez Rollán.
Hace unos meses que se estrenó y está recorriendo España, donde parece que está teniendo una muy buena acogida. 

Yo aun no he podido verlo, cosas de vivir en un pueblo pequeño y lejos de capitales, pero seguro que en cuanto tenga oportunidad lo escucharé con atención. Nuestras niñas (y algún niño) ya están llegando a la temida adolescencia y junto con los problemas que ella conlleva, la mochila que trajeron, puede acarrearles alguno extra.
Es de agradecer que los que van por delante, tanto los hijos, como los padres, nos vayan contando cómo lo viven; el documental, grupos en facebook y otras redes, nos hacen más fácil encontrar ayuda y respuestas.
Espero que sea el primero, pero no el único.

El periódico el País ha publicado una noticia al respecto.




Aquí tenéis el calendario de proyecciones confirmadas


martes, 7 de enero de 2014

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Articulo: ¿Cómo vas a ser del Atleti si eres negro?



          Me ha parecido un artículo muy interesante, de esos que necesitamos leer los padres adoptivos, pero sobre todo, los que no lo son.

          Yo creo que a base de leer, escuchar y ver, nosotros lo tenemos claro como el agua (bueno la mayoría). Aunque no sepamos como pueden evolucionar nuestros hijos y sus dudas cuando lleguen a la adolescencia, digamos que vamos con algo de rodaje, tenemos amigos en nuestra misma situación con los que hablamos, con los que compartimos dudas y a los que pedimos ayuda si hace falta.
Pero los que no tienen relación con niños adoptados, o simplemente la básica: cole, parque..., no tienen esas herramientas y llegado el momento no saben como contestar o qué explicarles a sus hijos. Para ellos es sobre todo este artículo.
           Algunos lo leerán y seguro que es una buena base, otros lo verán muy largo y dirán "buff, total, me va a contar algo que ya se", y otros ni se molestarán en ello, y serán esos los que sigan alimentando esas diferencias.

En fin, me doy por satisfecha que lo lean unos pocos.


Extraido de El País
 
Te abandonaron porque eres tonto y no te querían”, “¿Cómo vas a ser del Atleti si eres negro?”, “¿De dónde eres?” o un ingenuo “¡Qué mono!”. En mayor o menor intensidad, los niños adoptados en el extranjero por familias españolas reciben a diario comentarios que les recuerdan que son diferentes. Hasta un 70% de ellos sufren discriminación y xenofobia en el colegio, según un estudio de la asociación Ume Alaia, que agrupa a familias adoptantes de Vizcaya. A los ocho años, muchos ya han oído a algún compañero decir que su padre y su madre no son “de verdad”, según la misma investigación.

La interacción entre niños y niñas de distintos orígenes es un fenómeno relativamente joven en España, un país eminentemente blanco en comparación con otros Estados occidentales (entre un 5% y un 10% del alumnado es de origen extranjero —según datos de la Unión Europea—, mientras en Francia, Reino Unido u Holanda lo es entre un 10% y un 20%). La adopción internacional se reguló en 1993 y empezó a hacerse efectiva a finales de esa década. Desde entonces han llegado casi 50.000 niños, sobre todo de China, Rusia, Colombia y Etiopía, según el Ministerio de Sanidad, que están entrando ahora en la vida adulta.

María Cardona (nombre ficticio), de 18 años, sabe muy bien lo que es ser “la rara” del colegio. “Fui la primera niña adoptada en el extranjero y además era china. Dicen mis padres que todo el mundo en Ibiza quería conocerme”, relata Cardona, adoptada a los cuatro años por una pareja de la isla en 1998. “Que sepa”, no tiene hermanos. “Cuando iba con mis padres, la gente me preguntaba: ‘¿Quiénes son?’. Yo contestaba: ‘Los papás’. Y me decían: ‘Tus padres te han abandonado”.

Laura, de 32 años y asistenta personal del presidente de una empresa, constata que esta sensación es real en el día a día. “Solo por salir a la calle pierdes el anonimato de ser adoptado. Todo el mundo sabe que esos señores con los que vas no son tus padres biológicos, y llamas la atención. A los ocho años te da igual, porque juegas y no pasa nada; a los 11, te sientes raro, pero a los 14 ya no quieres ir al cine”, explica. Sus padres, croata y austriaca, la adoptaron cuando era un bebé en Bogotá (Colombia) y tiene dos hermanos más jóvenes, también colombianos. Los expertos definen ese “ya no tienes ganas de ir al cine” como el reconocimiento de unas diferencias insalvables con el resto de los niños.


El paso a la vida adulta que se empieza a afrontar durante la adolescencia es especialmente complicado para los jóvenes adoptados. Un estudio publicado por la Agencia de la Adopción y la Acogida de Reino Unido (BAAF, por sus siglas en inglés) sobre los efectos de la adopción a largo plazo demuestra que el racismo que experimentan durante la infancia perdura durante la vida adulta. Además, no todas las entrevistadas para el informe (72 mujeres de Hong Kong adoptadas por familias británicas en los años 60) tienen la misma percepción de su identidad: la mitad se consideran asiáticas; un 19%, británicas, y un 15% se definen como británico-asiáticas. Un estudio similar realizado en Suecia por varias universidades explica que el racismo es diferente en función del origen: la mayoría de los africanos lo sufre, frente al 32% de los asiáticos y el 11% de los latinoamericanos.


A los 10 años estos jóvenes comienzan a interrogarse sobre su procedencia

Es durante los primeros años de secundaria, es decir, entre los 10 y los 12 años, cuando estos jóvenes comienzan a interrogarse sobre su origen y la intriga por llenar esa zona gris va en aumento hasta la mayoría de edad. Laura, que lleva tres años intentando conocer a su madre biológica, describe la situación como “un vaivén de emociones horrible”. Su familia se mudó de Austria a Madrid cuando ella tenía 10 años. Cree que los padres adoptivos deben decir la verdad a sus hijos y no intentar suavizar la dificultad: “Tienen que explicarle que le miran porque es negro, no decirle que lo hacen porque es más guapo que el resto (…) No dudo que tengan buena intención, pero lo más importante es que no nieguen a su hijo que es diferente”. Opina que lo mejor que pueden hacer los padres es reforzar la autoestima de los pequeños teniendo ellos mismos amigos chinos, negros o latinos. “Esas personas a las que los padres quieren pese a ser diferentes se convierten en referentes. No hay nada que al hijo adoptado le haga sentir más orgulloso que ver que sus padres tienen amigos como él”, dice.

El psicólogo Óscar Pérez-Muga, autor del libro sobre el trastorno de apego ¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? junto a José Luis Gonzalo, distingue entre los chicos que tienen información sobre sus orígenes y los que deben convivir con una laguna absoluta sobre esa etapa de sus vidas. Entre los dos extremos se encuentran los que experimentan la llamada “reparación parcial”, es decir, que pese a saber que han sido abandonados, tienen conciencia de que ha habido cierta protección y calor. Un cuarto grupo lo constituyen aquellos que han empezado a indagar sobre su pasado, pero que reciben informaciones contradictorias que los sumen en la confusión.


Laura ha tenido que frenar la búsqueda para no caer en ese desconcierto. La asociación La Voz de los Adoptados lamenta que en España no haya programas públicos de mediadores especializados en acercar a los adoptados a sus países y culturas de origen, expertos en psicología pero también con idiomas y capacidad para conciliar entre las partes. Pérez-Muga afirma, además, que mediante las redes sociales es muy fácil empezar a indagar, pero es muy peligroso hacerlo a tientas, sin la mediación de un especialista. “Yo tenía el nombre y el DNI de mi madre, pero tuve que comprobar sin la ayuda de nadie que seguía viva y que sigue en Colombia. Ahora, mi sueño es ir en Semana Santa a conocerla y mi gran miedo es que desaparezca antes”, explica. También sabe que tiene hermanos biológicos, pero aún tiene dudas sobre si tienen algún interés en conocerla. “Mi contacto me da cada vez más largas. Me contesta cada tres o cuatro meses. No sé dónde ir ni a quién acudir”, lamenta.

Cardona conserva tres amigas del orfanato en el que vivió en China, del que asegura no recordar nada. Llegaron todas juntas a España en 1998. Viven en diferentes ciudades, pero han mantenido el contacto durante todos estos años. En Ibiza no tiene referentes adultos. “Aparte de mi profesora de chino, no conozco a nadie de ese país, solo a los que trabajan en las tiendas de Todo a 100, y de vista”, cuenta. Y no sabe si quiere volver a visitar su país: “Creo que fui abandonada. No sé nada más. Algunas de mis amigas recuerdan algo y otras no. Los orfanatos tampoco saben gran cosa [sobre sus familias de origen]. Como hemos olvidado nuestras vivencias, todas sospechamos que hemos sufrido abusos y cosas así. De mis amigas, la única que recuerda, la mayor, odia directamente todo lo que tiene relación con China. Odia hasta su raza, por decirlo así”. Otros, explica Laura, “mitificamos nuestra cultura”. Y por eso necesitan volver a ella para conocerla.

Ricard Domingo, padre de una niña de Etiopía y presidente de AFNE, una asociación de familias adoptantes en ese país, defiende que el “viaje de retorno” es muy positivo. Tras conocer la experiencia de una veintena de familias, reconoce que es “duro y difícil”, pero asegura que si se hace antes de la adolescencia se facilitan mucho los problemas identitarios. “Si no se pueden permitir el viaje, recomendamos a las familias que recaben toda la información posible sobre la procedencia de sus hijos”, aconseja.

Ayuda que la familia tenga amigos del mismo origen que sus hijos

Sea a través del idioma, de la comida, de la música..., crear un vínculo con ese origen es, para los expertos, fundamental para, poco a poco, hacerles capaces de volver a mirarlo de cara y aceptarse a sí mismos: es decir, para construir su identidad. A esa edad, todo elemento diferenciador provoca una crisis. De ahí que todos quieran, por ejemplo, vestirse igual. “Les provoca una gran inseguridad que les pregunten de dónde son si no saben responder o saben poco sobre ese país”, dice Domingo.

“No lo hacen con maldad, sino que los niños recurren a la discriminación como parte del proceso de construcción de su identidad, mediante la comparación con el grupo”, explica Cristina Negre, doctora en psicoterapia familiar especialista en adopción de la Universidad de Barcelona.

La diferencia principal del racismo que sufren los niños adoptados con la discriminación experimentada por los hijos de inmigrantes es que los segundos tienen en casa un referente cultural y un ámbito de protección que los segundos sienten no tener. “Los inmigrantes creen que su familia les entiende, que sufre la misma discriminación porque es como ellos, pero en el caso de las familias adoptantes pueden tender a tapar el problema de la discriminación como parte del proceso de adaptación”, explica el psicólogo Alberto Rodríguez, uno de los autores del estudio de Ume Alaia. “Los adoptados tenemos que aceptar que preguntas habrá toda la vida. Si no las hay, notas cuchicheos. Los padres biológicos te pueden dar herramientas, pero los blancos no han sentido nunca esa discriminación”, describe Laura.

“Al principio lo cuentas, pero luego no quieres molestar y te callas muchas cosas”, apunta. La misma idea transmite Javier Álvarez-Osorio, padre de dos niños africanos y presidente de la Asociación de Familias Adoptantes de Castilla y León: “Lo del ‘negro de mierda’ es pan nuestro de cada día. Dejan de contarlo, pero si te sientas a hablar con ellos y empiezas a escarbar, ves que es más frecuente de lo que piensas”.

Aunque no hay muchos estudios sobre el racismo contra niños adoptados, un informe publicado por la Universidad de Barcelona en 2010 demuestra que el 75,4% de los padres adoptivos niega que sus hijos fantaseen sobre su familia biológica, mientras los expertos explican que la necesidad de conocer sus orígenes es común a todos ellos. El dato demuestra que la mayoría de los hijos adoptivos tienen la sensación de que sus padres no pueden entender su malestar.

Montse Lapastora, psicóloga clínica especialista en adopción, insiste en la diferencia entre el rechazo que siente un niño con gafas o gordito y el que perciben los adoptados. Los segundos ven cuestionado algo más profundo de su personalidad, que afecta a sus rasgos más básicos. “Tuve una paciente asiática que quería arrancarse los ojos, otra india muy oscura que quería extenderse la piel blanca de la palma de la mano al resto del cuerpo. Otros, negros, que me decían que se frotaban para ver si se les iba el color”, testifica. La experiencia cotidiana de la discriminación les hace crecer con la consciencia de que “quien no es blanco, es negro”, que forman parte de “los de fuera”.

“El extranjero, el gitano, el negro, el raro… todos eran mis amigos. Cuando mis compañeras de clase iban a Kapital [una discoteca de Madrid muy popular entre los adolescentes] yo iba a bares funk. Mi hermano tuvo una época en la que todos sus amigos eran latinos”, relata Laura. María Cardona recuerda que uno de sus mejores amigos cuando llegó al instituto era un chico ecuatoriano.

Al duelo del abandono, se suma el de la diferencia. “A los seis o siete años, los niños empiezan a ser conscientes de que son distintos. Desde pequeños tienen que hacer el procedimiento para asimilar la diferencia (…) pero cuando crecen, normalmente en la adolescencia, y buscan relacionarse con personas que se les parecen físicamente se dan cuenta de que son blancos con cuerpo de negro”, aclara Cristina Negre, para explicar que, al haber sido educados en familias españolas, muchos niños no tienen elementos para entender su cultura de origen.

“Amigos míos me han llegado a decir ‘qué suerte tienes de no parecer colombiana’. Un comentario así desata en nosotros muchos pensamientos: ¿por qué?, ¿es malo parecer colombiano?, ¿y serlo?, ¿los que lo parecen, son malos?, ¿qué pasaría si lo pareciera?”, se pregunta Laura.

jueves, 4 de julio de 2013

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Pekín: 20 millones de habitantes

Cuando yo viajé a Pekín, allá por el 2004, nuestra guía nos dijo que en Pekín vivían unos 12 millones de personas, hoy, seis años después, parece ser que ocho millones más, han encontrado allí su hogar. Y dice el artículo que en Shanghai andan por el estilo, incluso más población. Buff que vértigo, entre las dos ciudades y aledaños, casi casi podríamos instalarnos todos los que vivimos en España.

Extraido de Asiared


Pekín, una urbe que se acerca
a los 20 millones de habitantes
La gran capital china, Pekín,
crece a un ritmo mayor del previsto
y podría estar a punto de alcanzar
los 20 millones de habitantes,
una cifra a la que no se esperaba llegar hasta 2020.

Pekín mercado Redacción 26/07/2010 El gobierno municipal de Pekín ha calculado que la población actual de la megalópolis podría situarse en 19,72 millones de habitantes. Esta cifra supone que los habitantes actuales de Pekín son un 3% más que hace sólo dos años.

Según el plan de desarrollo de la ciudad previsto para el periodo de 2004 a 2020, la población no iba a sobrepasar los 18 millones hasta superada la próxima década.

Este espectacular y repentino aumento de población no se debe al crecimiento natural, especialmente teniendo en cuenta la permanencia de la política de un solo hijo, sino a que la capital del país se convierte cada vez más en un polo de atracción de población inmigrante.

El aumento de habitantes por crecimiento natural en los últimos cuatro años ha sido de 482.000, mientras que la población flotante llegada en el mismo periodo ha alcanzado los 1,52 millones de personas.

Así, según un informe de finales de 2009, el total de trabajadores inmigrantes que llevaban viviendo en Pekín desde hacía al menos medio año llegaba a los 7,26 millones de personas, casi un tercio de la población total. Si a esto añadimos la población no registrada, la inmigración flotante podría llegar a los diez millones.

Teniendo en cuenta estos datos, Pekín y Shanghai tendrían ya prácticamente los mismos habitantes. Según la oficina de estadística local de la capital económica china, a finales de 2009 su población se situaba en 19,21 millones de habitantes sumando la población permanente registrada y la no registrada. Aun así, los índices de crecimiento en Shanghai son menores que en Pekín, por lo que ésta podría superarla en breve.

El crecimiento poblacional que vive la capital de la República Popular, sobre todo de población joven, es un factor que será determinante en el desarrollo de la ciudad, pero a la vez supone un gran reto para la sostenibilidad medioambiental y social de la misma, especialmente en lo que se refiere al problema del abastecimiento de agua.

Wu Shoulun, uno de los investigadores que han participado en la elaboración del informe sobre población, declaraba en un comunicado que la sobrepoblación afectará a todos los aspectos del día a día en la ciudad, por lo que el gobierno local debería tomar medidas para controlar la llegada de inmigrantes.

Según Wu, algunas de las consecuencias a corto plazo serán el colapso del transporte público, el encarecimiento de la vivienda y la saturación del sistema educativo.

Pero Pekín quiere convertirse en una capital mundial de primer nivel y para planificar de forma adecuada su desarrollo ha puesto en marcha un sistema de evaluación que medirá la situación actual, los progresos realizados y los sectores en que se necesita avanzar.

Este sistema, basado en la relación de 36 índices, medirá aspectos como el poder, las infraestructuras, el nivel cultural, el nivel económico, etc., y los resultados se compararán con los datos de la última década en Nueva York, Tokio y Londres, las ciudades tomadas como referencia para el Pekín del futuro.

Pero la inmigración desde el campo hacia Pekín –y también hacia Shanghai y otras grandes urbes- radica en la gran diferencia en el nivel de vida, y esta brecha probablemente se seguirá agrandando.

martes, 9 de abril de 2013

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Niños Twinkies, niños Oreo



Leo Madre de Marte y además de encontrar la definición de un niño oreo (que ya conocía), descubro otro vocablo del que no tenía información: niño twinkie.
En el mismo post, Madre de Marte enlaza un ensayo de una chica estadounidense (nacida en Corea) - en el Boletín de Afín- , en el que cuenta qué es ser twinkie y cómo se siente ella con esta definición.

Es muy interesante, aunque siempre con la distancia que yo al menos tomo, por las diferencias que existen entre la vida americana y la nuestra.

Me gustaría que más chicos y chicas escribiesen cómo se sienten cuando van creciendo y comienzan a volar solos, y sobre todo, chicos y chicas de aquí, en los que reconozcamos a nuestr@s hij@s cuando cumplan algunos años más.

Siempre es bueno tener pautas que nos guíen en nuestro camino y conocer de primera mano sus vivencias, sus experiencias, sus miedos, sus descubrimientos, en definitiva, su vida.


Niños Twinkies

"... No me siento diferente a mis amigas y amigos hasta que no puedo actuar como ellos. Mi incapacidad de representarme como blanca aparece cuando miro una foto o me miro al espejo. Mi cuerpo asiático me lleva a la sección infantil en las zapaterías y me obliga a reconocer que no soy como mis amigas..."

(Para leerlo entero, clicar en el enlace)

Nuestro contador en chino

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